Hoy aquí, y mañana…
Era un sábado más. Al día siguiente todo ocurriría como en otras ocasiones, el despertador sonaría y la familia se dispondría a ir a la iglesia. Pero no era un domingo cualquiera, no.
Lo que diferenciaba ese domingo, era que había un compromiso familiar para celebrar, todos juntos, un evento acontecido un par de semanas antes. Todos los miembros de la familia se unirían en una comida, en una casa común retirada de las viviendas habituales de todos ellos. Pero lo cierto es que estas reuniones eran bastante frecuentes, y la familia no faltaba a su cita dominical por ellas.
Aun así ese domingo sería especial, diferente de otros. Esa reunión parecía ser lo suficientemente importante como para que esos que no faltaban a su cita dominical, decidieran visitar otra iglesia. La excusa era muy sutíl: estaba más cerca y se tardaría menos en llegar, evitarían llegar tarde al compromiso habitual.
Un plan perfecto. La familia no faltaría a su cita con la iglesia, y asistirían a la comida familiar sin retraso alguno.
La pega de todo esto, era que en la nueva iglesia a la que asistirían, el horario era diferente y se empezaba algo más tarde. Pero bueno, algún minuto sí que se podía ahorrar, lo importante era llegar a la comida familiar antes de que lleguen los demás y no tuvieran que esperar. Bueno, quizá les tocase a ellos esperar, pero mejor, y no quedar mal.
Mientras tanto, en la iglesia habitual, todos esperando (como cada domingo), se sorprendieron de que esa familia no viniera. ¡Ay leches!, esque ya eran dos, o quizás tres domingos seguidos que esa familia faltaba. Pero seguro que el domingo siguiente volverían.
Lo que diferenciaba aquél domingo, no era el compromiso familiar, sino que se vio realmente cual era el interés y la intención de esos que asistían a la iglesia.
Existen cristianos con una falta de compromiso, tal, como para anteponer la importancia de llegar 10 minutos antes a un compromiso del que nunca se ha faltado. Es decir, un domingo irán a una iglesia, otro domingo a otra, y a su comida familiar no faltarán. Ciertamente es muy importante, probablemente lo más importante que a una persona común le pueda parecer, el estar con su familia al menos una vez al més.
Y si para ello han de ir a otra iglesia o no ir, porque es inevitable, que lo hagan. Seamos honestos, ¿qué es lo más importante para uno mismo? ¡Seamos honestos!
No estoy diciendo que visitar iglesias sea malo. No estoy diciendo que buscar la iglesia adecuada sea incorrecto. Lo que denuncio es la falta de interés y de compromiso que hoy día presenta el cristiano de a pie, capaz de poner la barata excusa de que “vamos a llegar pronto” o “así me levanto un poco más tarde”, y mata la conciencia de haber asistido a la iglesia ese domingo. ¿Y luego queremos hablar de revelaciones, visiones, profecías, y ofrendas? Entregados a nuestras pasiones y nuestros propios intereses, creo que no hay cabida para Dios en nuestros corazones. Muy mal…
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